Lo que nunca deberíamos hacer en una clase de Zoom

Ayer leía un artículo en El País sobre aplicaciones para evitar la fatiga que produce Zoom, y sí bien hablan principalmente de conferencias, esto también ocurre en los talleres y clases. Yo he dado unos 60 cursos online contando solamente los ocurridos de manera casi constante durante la pandemia, con una media de entre 5 y 6 clases con grupos distintos semanales y he sufrido sensaciones muy desagradables por fatiga de zoom o como lo queramos llamar. Por no hablar de la cantidad de osteopatía para resolver la falta de movilidad en mis caderas, tras estar tanto tiempo sentada.

Pero como experta en facilitación aún así estoy convencida de que la solución necesaria no es tecnológica sino humana.


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La facilitación pese a que ahora se use el término como tendencia, no es simplemente el equivalente del siglo XXI para decir "profesora guay", la facilitación es un verdadero arte, se estudia y sobre todo se practica. A mi me ha llevado más de una década y aún sigo aprendiendo.

Y por ello al leer estas cosas y a través de mi experiencia no puedo evitar pensar que el problema está en transplantar una educación ya anodina y obsoleta a un nuevo sistema de comunicación y en un mundo que está cambiando a pasos agigantados.


Por ejemplo, la primera cosa que se me dijo desde la organización para la que trabajo como protocolo al mudar las clases a #zoom fue: “micrófonos apagados”. En pocas semanas y ya que todas somos especialistas en facilitación empezamos a oponernos al protocolo.

¿Y por qué? Pues porque como facilitadoras no podemos trabajar así y fue claro, rápidamente, al apagar los micrófonos haces dos cosas, asumir el control total y desnaturalizar la situación.


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En un espacio físico de manera natural, hay toses, ruido de sillas, risas. Al apagar micrófonos secuestras a la audiencia y al tiempo te desconectas, vuelves a la jerarquía y la facilitación es horizontal. Y además pierdes una herramienta de evaluación para saber si lo que dices se entiende, interesa o aburre. Y eso mientras estás exponiendo algo, distrae un montón y cansa, especialmente si en tu cabeza tiendes a la inseguridad como yo, y empiezas compulsivamente (y porque es parte de tu formación) a analizar caras por miedo de que su lenguaje corporal sea de “menudo rollo está soltando”.


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Al quitar micros (y ya no te digo cámaras...) También haces posible que haya ruidos entre los asistentes que no se darían en una clase. Estas poniendo más fácil el que alguien entre en el lugar donde se encuentra la participante y le empiece a dar la brasa sobre cualquier trivialidad porque: “total no te oyen”.




Es decir el modelo ponente y receptores típico de una clase magistral, en zoom te convierte en un presentador de televisión, es decir no hay más interacción que la de que tu proporciones entretenimiento, y si simplemente hablas...aunque no lo veas habrás perdido a tu audiencia.


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La humanidad no cambia su esencia, cambian los medios, pero aprendemos igual que siempre lo hemos hecho.

Sobre el #aprendizaje hay una frase que cito en todos mis talleres de facilitación

Y fijaos hasta que punto es cierto que pese a que es una frase que me importa, que cito y que repito. Siempre voy a mirarla, precisamente por eso, porque no la pienso sino que la busco en la memoria de datos y no en la de la experiencia.

En la de la experiencia puedo recordar hasta el olor fresco de la mañana en la tutoría en la que mi querida tutora la mencionó dicha frase durante mis años de estudio en Educación Perinatal. Pero normalmente lo que hago es, pensar en qué palabras y en que orden, de manera abstracta e inconexa conmigo.

Y aunque la frase os pueda parecer una simple cita iluminada y cuestionable, la ciencia lo corrobora. Podéis verlo en la píramide de Edgar Dale.

Y es que tal y como aprendemos en mis cursos no se trata de aprender a dar clase de preparación al parto, se trata de algo mucho más complejo, cómo facilitar la decisión informada, pues para emperzar tienes que saber transformar a todas y cada una de tus participantes en sujetos activos, para que eso funcione.

Vale, guay pero ¡¡En zoom eso es imposible!!


No, en Zoom es otra cosa, pero es ahí donde tenemos que innovar, aprender y crear y la solución es humanizar los espacios digitales y no necesariamente utilizar más tecnología para persistir en las carencias ya existentes. No tengo todas las respuestas, pero en mi trabajo y experiencia como facilitadora y también como participante de cursos mal facilitados. Creo que parte de la fatiga para quien imparte y quien recibe es por no humanizar ese espacio. Necesitamos la interacción, las interrupciones.


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Soltando el control, haciendo pensar, creando situaciones imaginarias, utilizando todo tipo de recursos, usando mucho las habitaciones virtuales de Zoom, incluyendo ejercicios físicos. En resumen utilizar la tecnología para hacer la experiencia lo más parecida a un espacio físico y humano. Porque seguimos siéndolo y en una situación de estrés como la que vivimos seguimos necesitando lo mismo e incluso más que antes...Interactuar entre nosotras.


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