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El parto es una cuestión feminista, porque es una cuestión de mujeres

Actualizado: 13 feb 2023



En estos días densos de ideas políticas y confusión con la terminología más básica, cuando el patriarcado una vez más se las ingenia para ignorar, silenciar y ridiculizarnos de nuevo a las feministas, observo con preocupación conceptos que no sólo desafían la lógica y la coherencia sino el centro de todo lo que ha sido mi trabajo, activismo y vida durante la última década.


He sido una educadora perinatal (en Reino Unido) una activista y autora de libros dedicándome a hacer campañas por los derechos de las mujeres durante el parto y antes y después de.

Acabé por definir mi trabajo en relación a los derechos de las mujeres sobre su sexualidad y reproducción como matriactivismo, termino que otras mujeres han adoptado también.


Y fue este trabajo el que me llevó inevitablemente a ser feminista en general y feminista radical en particular, radical porque se enfoca en la raíz de nuestra opresión es decir por la división de la humanidad en dos sexos, algo mayoritariamente y científicamente binario.

Lo que nada tiene que ver con el género algo que para mi y muchísimas otras es una construcción social que el patriarcado promueve para seguir oprimiendonos.

El género es eso que las feministas radicales queremos abolir y no elegir o jugar con ello.


Así que después de algunas ocurrencias preocupantes que para mi significan retroceso, creo que es urgente decir que la única forma de luchar contra la violencia gineco-obstétrica y reclamar justicia reproductiva para nosotras, las mujeres, debe hacerse en el marco del feminismo y esto no es un neoliberalismo que lo único que hace es diluir nuestro movimiento mientras se dice parte de él.


La nueva forma de desautorizar y silenciar siglos de supervivencia exigiendo la utilización de expresiones como “personas embarazadas” y argumentando inclusividad, mientras las mujeres más del 50% de la población y sujeto político del feminismo no podemos reclamar nuestros derechos, definirnos por nuestro sexo o defendernos como colectivo cuando nuestro sexo es atacado, es simplemente un despropósito.

A mí no se me ocurriría, en la vida, exigir que un movimiento por los derechos humanos de un colectivo oprimido cambiase sus enunciados para hablar de personas.

La lucha de Gays, Lesbianas, Transexuales, vidas negras y tantos otros importan, y también sus definiciones y especificaciones, porque se encuentran en la raíz de su discriminación y por lo mismo y de la misma manera importa el movimiento por la lucha por los derechos de las mujeres, que lleva siglos buscando dignidad, igualdad y justicia para más de la mitad de la población.


De manera preocupante académicas e investigadoras afectadas imagino por las últimas tendencias que tienen poco de información factible, abrazan neologismos y se meten a hablar de violencia obstétrica, feminismo y género de una manera que suprime y socava nuestros derechos como mujeres y la lucha histórica de nuestro movimiento.

Y como activista, feminista y especialista en violencia obstétrica siento que tenemos que hablar de ello.


En los 11 años que he trabajado con mujeres (y sus parejas en mis clases) y especialmente con mujeres de todo el mundo a través del movimiento que fundé La Revolución de las Rosas, contra la violencia obstétrica, un denominador común que se daba de manera global. Y es que todas las víctimas eran mujeres, y por supuesto sus bebés, y muchas matronas, parejas e incluso abuelas se vieron afectadas de diferentes maneras, pero las víctimas fueron siempre las mujeres.

Nos dimos cuenta además de que había un componente añadido de crueldad racista y xenófobo y se acuñó el término violencia etno-obstétrica *

Pero es que incluso se daban frases idénticas que se repetían en países más allá del idioma y la cultura.

La misoginia en las frases repetidas se daba cuando las mujeres tenían contracciones y se les decía:

“Ahora te quejas pero cuando lo hacías no te quejabas”

Y también inmediatamente tras el parto durante la sutura de las (a menudo innecesarias y por tanto agresiones) episiotomias, cuando se les dice:

“Te voy a dejar mejor que antes, como nueva” o cómo dijo este estudiante junto a un selfie suyo al lado de una mujer de parto semidesnuda, te voy a dejar el chocho a 0 km

De hecho yo misma escribí una petición contra el estudiante, él me contestó con el machismo y arrogancia que como mujer en un mundo patriarcal conozco tan bien.

Para él yo era una mujer, algo inferior, una activista cabreada exponiéndolo públicamente, 11.000 firmantes y yo pensábamos que debía ser despedido y no lo fue, pero me escribió para hacerme un mansplaining sobre cómo todas las mujeres le adoraban y querían que estuviese con ellas. Èl amaba a las mujeres, me dijo…


Cuando un doctor (hombre) cortó la vulva de una mujer 12 veces en Estados Unidos mientras ella suplicaba entre lágrimas que no lo hiciese. El doctor utilizó todo el poder y lenguaje que los hombres tienen sobre las mujeres en esta sociedad y trágicamente la madre de la parturienta le decía a ella que le obedeciera, que el doctor sabe mejor que tú.


Y sí, el doctor sabe mejor que nosotras desde finales de 1700, ya que el conocimiento sobre nuestros cuerpos, lo que es la más antigua profesión pese a lo que la misoginia cree, que no es prostitución sino matroneria, fue apropiada, reinventada y regurgitada de vuelta para nosotras concluyendo que éramos ignorantes sobre nuestros cuerpos, perdidas y abortos perdiendo así nuestra autonomía física. Nos convertimos en sufridoras de nuestros cuerpos, las pecadoras y las responsables de ellos para disfrute de los hombres.

Y ellos nos dijeron cómo parir, para empezar de espaldas, la postura más ilógica e incómoda posible.

Pero tal y como me espetó un obstetra en una ocasión: “No querrás que me ponga de rodillas y mire para arriba”

Se marchó ofendido y no pude contestarle: “pues sí, fue lo que hicieron mis matronas en mis tres partos y fueron encantadoras”

Pero es que la postura en el parto también es una cuestión feminista, porque nosotras las mujeres tenemos que someternos para comodidad de los hombres. Algo que ocurre desde el viaje en un autobús a la política.


Y es que la comodidad y es más, el placer de los hombres es algo sobre lo que muchos profesionales bromean mientras suturan mujeres tras el parto pero también en juicios sobre violencia obstétrica en pleno siglo XXI en España, donde las preguntas sobre el trauma genital y su implicación en las relaciones sexuales fueron hechas por parte del juez, al marido de la víctima. Y eso es también una cuestión feminista porque nuestros cuerpos y nuestro sexo como mujeres es para el placer y disfrute de otros. Nuestro consentimiento es el debate del patriarcado, nuestro deseo nuestra lucha feminista.


El parto y el aborto fueron nuestros, nos pertenecían, pero ahora ya no.

En mis clases en Londres siempre contaba lo que había aprendido de Sheila Kitzinger y es que la palabra “cotilleo” en inglés viene del parto, del nombre que se les daba en el medievo a las comadres “godsibs” cuando las mujeres en sororidad se acompañaban en partos, maternidades, perdidas y lactancias y utilizando el más puro método científico de práctica y observación. Y cuento esa cuestión etimológica para recordarnos nuestra cultura y nuestro poder colectivo, nuestras matronas.


La obstetricia fue creada desde una total falta de conocimiento del parto ya que los hombres estaban vetados en esa situación y tuvieron que infiltrarse en los partos a menudo vistiéndose de mujer imponiéndose a mujeres que desconfiaban o simplemente no les querían allí.

Así que forzaron su presencia desacreditando a matronas y en última instancia desautorizándolas.



Algo que aún ocurre de maneras más sutiles en todo el mundo, algunas se enfrentan a juicios, otras como la húngara Ágnes Geréb cumpliendo tres años de arresto domiciliario, otras perdiendo su independencia por costes del seguro y muchas de ellas sufriendo la falta de respeto y apoyo de las instituciones a la hora de hacer su trabajo.

Las matronas han sido siempre el espejo feminista del cuerpo de las mujeres.

La primera cosa que las matronas españolas tuvieron que hacer al regularizarse su profesión en España fue jurar que no harían abortos. Algo que por supuesto hicieron hasta entonces. Y eso es también un asunto feminista porque las mujeres perdimos nuestra alianza con nuestras hermanas, nuestras comadres, las matronas.


Mary Wollstonecraft estaba escribiendo sobre una comunidad de mujeres en su libro Mary cuando murió tras el parto en el que dio a luz a la luego famosa Mary Shelley, pero lo que es menos conocido es que su muerte también es relevante para entender porque algunas reclamamos el parto como una cuestión feminista.

Mary Wollstonecraft se negó a la moda de tener un médico en su parto e insistió en tener una matrona, tras el parto tuvo una retención de la placenta y por la nueva imposición y nuevas reglas se vio obligada a llamar a un obstetra, el obstetra introdujo sus manos y con ellas la sepsis fatal que produjo fiebre puerperal, algo que sería la nueva causa de muerte para muchísimas mujeres tras la introducción de los obstetras y el parto hospitalario y que llevaría 80 años cambiar hasta el descubrimiento de la correlación con la falta de higiene por parte del médico húngaro Schmmerweis.



Hasta ese momento se nos culpó a nosotras, obviamente, llegaron a creer que el pus era la leche materna. Y por supuesto también culparon a Wollstonecraft por sus decisiones, su feminismo, su autonomía

Y sí morirse de sepsis por ignorancia disfrazada de conocimiento masculino y dogma, fue algo que le ocurrió a muchas mujeres entonces. Pero hoy en día aún ocurre, cómo acabamos de ver con la trágica muerte de una mujer llamada Izabela (su apellido no se ha hecho público) en Polonia, algo que a muchas nos ha recordado a la muerte de

Savita Halappavar en Irlanda, ambas mujeres muertas por sepsis sin que nadie haga nada por la mezcla letal de patriarcado y religión que odia y controla a las mujeres, viéndonos como meras vasijas, sacrificables, sobrantes. Utilizando ideas que mantienen que un feto que está destinado a morir en el útero es más importante que una mujer. Y también por eso el parto es una cuestión feminista.



Las muchísimas mujeres con las que he hablado en los últimos años han repetido a menudo que se sintieron violadas en sus partos, hasta el punto en el que la expresión “birth rape” (violación de parto) fue acuñada.

Pero por supuesto las discusiones derivadas de esto siempre son lo que las activistas llamamos “vigilar o policiar el tono”, es decir se habla largo y tendido sobre lo ofensivo que es el término para los profesionales, lo poco apropiado que resulta, la necesidad de definiciones pero importa poco lo terrible que deben ser esas experiencias para que las mujeres hablen de ellas así. Y todo esto sin tener en cuenta que una de cada tres mujeres hemos sufrido algún tipo de violencia (incluyendo violación) cuando sufrimos violencia gineco-obstétrica.


De hecho quizá sea al revés, cuando las mujeres aprendemos con la primera menstruación que es algo sucio, que deberíamos esconder, y cuando se nos dice de manera eufemística pasándonos la responsabilidad, que tengamos cuidado con los depredadores sexuales, como quién te dice , no sé, cuidado con las curvas cuando vayas por esa carretera.

Quizá es porque aprendemos a odiar nuestro cuerpo desde el momento que nos crecen los pechos y se nos acosa por la calle, o cuando observamos la opresión en nuestras madres y otras mujeres, y cuando comprendemos en anuncios, canciones y películas que nuestro cuerpo es para disfrute de otros, el juicio de otros y las decisiones de otros.


O porque para cuando nos damos cuenta de cómo funciona esto descubrimos que aún tenemos que debatir nuestros derechos, aún no podemos tener un movimiento que sea nuestro como mujeres, aún no podemos definirnos como mujeres cuando lo somos sin ser insultadas, maltratadas y calumniadas... Quizá es gracias a todo eso que la violencia puede ser perpetuada hasta la última batalla por la conquista de nuestros cuerpos en el paritorio. Y eso no ocurre por tener a un profesional que sea hombre o mujer, eso ocurre porque la historia, la ideología de género, el lenguaje, los protocolos, las instituciones, los instrumentos, las actitudes y toda la manera de entender nuestras experiencias de parto vienen del mismo patriarcado que funciona a partir de la premisa que dicta que la clase sexual hombre es superior gracias a la opresión de la clase sexual mujer.


El patriarcado se establece con el control del poder reproductivo de las mujeres exclusivo de nuestro sexo.

Y como Grace Atkinson escribió en su texto fundamental "Radical Feminism" (1969):[12]


“La primera división dicotómica de esta masa (la humanidad) se ha dicho que fue basándose en el sexo: mujer y hombre ... Fue porque la mitad de la humanidad lleva la carga del proceso reproductivo y porque el hombre, el animal “racional” fue listo y se aprovechó de ello, que las gestantes o “bestias de carga” fueron acorraladas en una clase política: equivocando el contingente biológico y su carga en una multa política (o necesaria) modificando la definición de estos individuos de lo humano a lo funcional, o animal”


Yo iría más allá, y mi personal punto de vista en esto es que la promoción de nuestros poderes reproductivos como carga son también propaganda patriarcal. Y que es por la pérdida de autonomía sobre ellos que por supuesto se convierten en una carga.


Y todavía lo son para muchas mujeres en muchos países, como por ejemplo en Ucrania, donde disfrazándolo de modernidad y progreso promovemos que la gestación subrogada es un ejemplo de sacrificio y generosidad y no la objetificación y explotación de mujeres y la objetificación y mercadeo o traspaso de humanos (los y las bebés). Y eso es posible porque somos mujeres y por ello también es una cuestión feminista.


Nos llevó años decir violencia obstétrica sin ser acusadas de estar locas, y aún nos lo niegan. Ha sido recientemente negado por el colegio de médicos de España, mi país, país acusado ante la ONU de violencia obstétrica.


Y fue por todo esto y muchísimo más, que me aseguré a través de nuestro movimiento global que hablásemos de violencia obstétrica en el marco feminista, realizando nuestras acciones el 25 de Noviembre y consiguiendo así que hoy en día se hable de ello en esa fecha feminista como parte de tantas violencias hacia las mujeres.

Y ahora una década más tarde para mí, esta lucha no puede dar marcha atrás al menos no conmigo callada ante lo que bajo el título “inclusión” silencia a las mujeres una vez más.


Como siempre he dicho, el parto es una cuestión feminista porque las mujeres decidimos no por lo que decidimos.

El parto y por tanto la justicia reproductiva son para mí la base de nuestra opresión como mujeres.

Y por tanto sólo hay una forma de luchar contra la opresión de las mujeres, el feminismo.


Matriactivista (Mara a.k.a. Jesusa Ricoy Olariaga)




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